Pero, ¿qué es la transferencia?
La transferencia es el motor de un análisis.
Ir a terapia no es solo ir a contar tu historia. En el análisis pasa algo mucho más vivo y poderoso: el pasado se actualiza en el presente. Es eso que pasa cuando, sin darnos cuenta, empezamos a ubicar al otro (en este caso, al analista) en un lugar que ya conocemos. Se deposita en el analista el peso de sus proyecciones, sus miedos y sus formas de vincularse.
El consultorio se vuelve un escenario. La transferencia pone en juego el inconsciente, lo hace aparecer en acto, ya que el inconsciente no explica, se repite. Eso que repetimos en el análisis es aquello en lo que quedamos, de alguna manera, detenidos de nuestra historia. El síntoma insiste porque quedó estancado. La transferencia es la escena donde algo del padecimiento puede empezar a moverse. Donde no se trata solo de entender, sino de poder ubicarse distinto frente a eso que hace sufrir.
Ahí es donde el trabajo analítico tiene lugar, el analista aloja esa repetición para devolverla como un "espejo invertido". Al poner en juego esa repetición en el análisis, se abre la oportunidad de darle una nueva lectura. Dejar de sufrir pasivamente eso que nos frena, resignificarlo para darle movimiento y ponerlo a trabajar.
