La ansiedad se manifiesta como una respuesta del cuerpo y de la mente frente a lo que se considera un peligro. Lo curioso es que muchas veces ese peligro no viene de afuera, sino de una amenaza interna o proyectada hacia el futuro. La idea insistente de que algo malo puede pasar. En consecuencia, se siente en el| cuerpo como un estado de alerta. Los pensamientos son acelerados, la respiración no es tranquila sino que se entrecorta, y el cuerpo está tenso, como preparándose para escapar del peligro.
Una época agitada, una vivencia singular Si bien la ansiedad es un síntoma que nos atraviesa a la mayoría en la época actual, cada uno la vive de manera muy singular. ¿Qué quiere decir eso? Que lo que ese peligro representa va a variar según cada quien: es distinto para cada persona. Por eso la ansiedad puede vivenciarse de múltiples maneras. Desde el psicoanálisis, trabajamos con el inconsciente. Buscamos escuchar y descifrar qué lógicas inconscientes están sosteniendo esos estados incómodos de alerta.
¿Qué hay detrás de la alerta constante? Muchas veces, detrás de la ansiedad, hay una exigencia que nos imponemos sin darnos cuenta: la necesidad de tener todo controlado, de anticiparnos a lo que pueda pasar, o de responder siempre de la manera "correcta". Otras veces, lo que sostiene ese malestar es una dificultad para tolerar la incertidumbre, o cierta dificultad para reconocer nuestro propio deseo. No hay una única causa: cada historia tiene su propia lógica.
El camino de la terapia El psicoanálisis no busca eliminar la ansiedad mágicamente de un día para el otro, sino ir descifrando qué es lo que, en cada caso, la sostiene. A partir de los nuevos sentidos que van apareciendo en la terapia, algo se reordena. Se abren nuevas posiciones posibles de habitar y de encarnar, que nos aportan un margen de libertad, un espacio de mayor liviandad y una forma de vivir más alineada a nuestro deseo.
